Siempre he sido de las personas que prefieren conocerse en persona lo antes posible cuando conecto con alguien en una aplicación de citas. No me gusta pasar días o semanas intercambiando mensajes, creando expectativas sobre alguien a quien realmente todavía no conozco.
Para mí, la química se descubre en persona, no detrás de una pantalla. Pero recientemente, después de una cita, me di cuenta de que quizás estaba pasando por alto una etapa bastante útil: la videollamada antes del primer encuentro.
Y no, no se trata de convertir las citas en entrevistas de trabajo ni de establecer un proceso de selección interminable. Todo lo contrario. Se trata de hacer que las cosas fluyan de una manera más natural, pero también más consciente.
Las palabras no siempre cuentan toda la historia
Por mensajes podemos encontrar personas que parecen encantadoras, interesantes, inteligentes y compatibles con nosotros. El problema es que la comunicación escrita deja demasiado espacio para la interpretación.
Una frase puede parecer divertida, pero dicha en voz alta resultar arrogante. Un comentario puede sonar profundo por escrito, pero perder completamente su sentido cuando escuchamos cómo la persona lo expresa.
Y también sucede lo contrario. Alguien que no tiene mucha habilidad para comunicarse por mensajes puede resultar sumamente interesante cuando conversamos cara a cara.
La entonación, los gestos, las expresiones faciales, el sentido del humor y la espontaneidad nos ofrecen información que un mensaje de texto difícilmente puede transmitir.
No significa que podamos conocer realmente a alguien a través de una videollamada, pero sí podemos descubrir ciertas incompatibilidades antes de organizar un encuentro presencial.
¿Y qué pasa con la espontaneidad?
Durante mucho tiempo pensé que encontrarme rápidamente con alguien era una manera de evitar perder tiempo. Después de todo, ¿para qué conversar durante semanas si en los primeros diez minutos de una cita podemos descubrir que no existe química?
Pero ahora me cuestiono algo: ¿acaso esa misma prisa por encontrarnos no puede terminar haciéndonos perder todavía más tiempo?
Porque una cita implica más que simplemente presentarse en un lugar.
Hay que organizar nuestras agendas, prepararnos, trasladarnos y, dependiendo del encuentro, gastar dinero. Y todo eso lo hacen ambas personas.
A veces bastarían quince o veinte minutos de conversación por video para descubrir que nuestras formas de comunicarnos, nuestro sentido del humor o nuestras expectativas son demasiado diferentes.
Y si la conversación fluye, ¡mucho mejor! Llegaremos a la primera cita con mayor curiosidad, comodidad y entusiasmo.
Una videollamada no es un interrogatorio
Algo que he aprendido explorando las relaciones, particularmente dentro de la no monogamia ética, es que no todas las conversaciones sobre compatibilidad necesitan convertirse en una lista de preguntas.
Muchas veces, la manera en que alguien se expresa espontáneamente sobre distintos temas nos dice mucho más que sus respuestas a preguntas específicas.
Podemos descubrir cómo escucha, cómo reacciona ante una opinión diferente, si muestra curiosidad genuina o si la conversación se siente unilateral.
Eso sí, hay que evitar caer en el error de creer que podemos descifrar la personalidad o las verdaderas intenciones de alguien simplemente observando sus gestos. Una persona puede estar nerviosa, sentirse incómoda frente a una cámara o tener una forma de expresarse diferente a la nuestra.
La videollamada no es una prueba de carácter ni garantiza compatibilidad. Es simplemente otra oportunidad para conocernos.
También es una forma de considerar al otro
Hay algo que me parece importante destacar: no solamente estamos protegiendo nuestro tiempo, sino también el de la otra persona.
A veces nos enfocamos tanto en lo que nosotros buscamos que olvidamos que del otro lado también hay alguien con expectativas, responsabilidades y recursos limitados.
Si podemos descubrir anticipadamente que no existe suficiente interés o compatibilidad, ¿por qué no hacerlo?
No es rechazar a alguien prematuramente. Es reconocer que no todas las conexiones necesitan convertirse en una cita presencial para tener una respuesta.
Mi nueva manera de conocer personas
No voy a dejar de valorar la espontaneidad ni quiero pasar semanas conversando antes de conocer a alguien.
Simplemente decidí agregar un pequeño paso antes del encuentro: una videollamada breve, sin preguntas preparadas, sin presiones y sin expectativas exageradas.
Una conversación que se parezca más a compartir un café virtual que a una evaluación.
Si hay interés mutuo, nos encontramos. Si no lo hay, podemos despedirnos amablemente y continuar nuestros caminos.
Porque al final, no se trata de conocer a más personas en menos tiempo, sino de aprovechar mejor nuestro tiempo para conocer a las personas con quienes realmente podríamos conectar.
Y a veces, una pequeña pausa antes de apresurarnos a una primera cita puede hacer que el encuentro, cuando finalmente suceda, valga mucho más la pena.
¿Tú prefieres conocer a alguien directamente en persona o hacer primero una videollamada?

