Capitulo I - Intenté salvar mi relación… proponiendo un trío
Hace unos años, antes de descubrir mi identidad cómo poliamorosa, estaba en una relación monógama que ya no funcionaba.
No era un desastre evidente. No había infidelidades, ni drama de película.
Pero tampoco había conexión real.
Era esa incomodidad silenciosa… donde todo “está bien”, pero tú sabes que no lo está.
Y en lugar de mirar eso de frente, hice lo que mucha gente hace:
traté de arreglar lo más fácil de tocar sin tener que ir a terapia.
El sexo.
Porque claro… si mejoramos la química, todo lo demás se arregla, ¿no?
(Spoiler: no).
Una noche, con una copa de vino en la mano —porque aparentemente así es como uno toma decisiones cuestionables— le dije lo que llevaba tiempo pensando:
— ¿Y si hacemos un trío?
No lo dije como fantasía pasajera.
Lo dije como estrategia.
Tenía incluso a la persona en mente: una amiga guapísima, de mente abierta, cero drama.
En mi cabeza, esto no solo iba a reactivar la relación… iba a salvarla.
Su reacción fue inmediata.
Silencio.
Cara de shock.
Un “no” tan seco que ni siquiera dejó espacio para negociar.
Me miró como si le hubiera propuesto algo completamente fuera de lugar.
Como si lo que yo estaba sugiriendo no fuera una idea… sino una amenaza.
Y aquí es donde empieza lo interesante.
Porque yo no pensé:
👉 “ok, claramente no estamos en la misma página”
Yo pensé:
👉 “quizás lo planteé mal”
Así que, en lugar de cuestionar la relación… me ajusté yo.
En ese momento no lo entendía, pero ahora lo veo clarísimo:
No estaba intentando salvar la relación.
Estaba intentando hacer que encajara conmigo… sin admitir que no encajaba.
Y ese fue mi primer error.
Cierre:
Creía que estaba siendo creativa, abierta, incluso generosa.
Pero en realidad, estaba evitando hacer la única pregunta incómoda que importaba:
👉 ¿Y si el problema no era el sexo… sino que yo estaba en una relación que no era para mí?