La primera vez que entendí por qué algunos eventos te descartan
Durante varios meses formé parte de una trieja. Íbamos a eventos del estilo de vida con frecuencia y, curiosamente, hubo ocasiones en las que rechazaban a la esposa y aceptaban únicamente que fuéramos él y yo.
Sí, así como lo lees.
En ese momento entendí que la selección no siempre es personal ni tiene una única explicación. Cada organizador busca una dinámica diferente y toma decisiones basadas en ella.
Con el tiempo, mi pareja empezó a organizar sus propias fiestas. Tenía una casa ideal para hacerlo: un patio amplio, piscina, jacuzzi exterior y la privacidad perfecta para recibir invitados.
Y fue allí donde me tocó estar del otro lado.
Era yo quien ayudaba a decidir qué parejas aceptábamos y cuáles no.
No porque creyera que unas personas valían más que otras.
Sino porque, como anfitriona, también tenía derecho a cuidar la experiencia que quería vivir.
Muchas personas creen que, si una fiesta puede terminar en una orgía, entonces cualquiera debería ser bienvenido.
Yo no lo veía así.
Aunque no tuviera intención de tener sexo con todos los asistentes, quería sentirme completamente cómoda si, en algún momento de la noche, las cosas fluían de forma espontánea.
No quería estar pensando:
“Espero que esta persona no se acerque.”
O peor aún, sentir que tenía que excluir a alguien en medio de un momento íntimo.
Eso habría sido incómodo para todos.
Por eso aprendí algo que cambió mi forma de ver el estilo de vida.
Seleccionar no siempre es discriminar.
Muchas veces es prevenir situaciones incómodas antes de que ocurran.
Hoy, cuando una pareja no es aceptada en un evento curado, no asumo automáticamente que hubo algo “malo” con ellos.
Simplemente entiendo que los organizadores están tomando las mismas decisiones que yo tuve que tomar cuando organizaba mis propias fiestas.
Porque una buena experiencia no depende únicamente del lugar.
También depende de las personas que comparten ese espacio.
Y quizás esa sea una de las lecciones más difíciles de entender para quienes apenas comienzan en el estilo de vida: el consentimiento no solo aplica al sexo.
También aplica a con quién decides compartir el ambiente, la energía y la intimidad.
Como asistentes tenemos derecho a elegir los eventos que nos gustan.
Y como anfitriones, también tenemos derecho a elegir con quién queremos construir esa experiencia.
Ese equilibrio, lejos de ser elitista, es una de las razones por las que muchos eventos logran mantenerse seguros, respetuosos y memorables.