Descubrir que no estás sola
Cuando descubrí que era poliamorosa, sentí algo parecido a renacer. No porque de pronto tuviera todas las respuestas, sino porque algo dentro de mí hizo clic: pertenecía. Por fin podía ponerle nombre a una parte de mí que llevaba tiempo sintiendo. Y, por primera vez, no me sentí rara. Me sentí normal.
Hoy alguien me contó que, cuando aceptó que era no monógama, se puso a llorar. Dijo que ahora le tocaba empezar el camino de aceptarse, porque si ella no podía aceptarse a sí misma, ¿cómo iba a esperar que alguien más lo hiciera?
Esa frase se me quedó dando vueltas.
Me pregunto cuántas personas hemos pasado por algo parecido al descubrir que la monogamia no es el único modelo de relación que nos hace sentido. Para algunas, ese momento se siente como alivio; para otras, puede venir acompañado de llanto, miedo o confusión. A veces es una mezcla de todo.
Quizás porque no estamos descubriendo algo que apareció de la nada. Estamos reconociendo algo que ya sentíamos, mientras intentamos desprendernos de lo que aprendimos sobre cómo debería ser el amor. Desde pequeñas, muchas personas escuchamos que existe una sola manera correcta de querer: encontrar a una persona, formar una pareja y construir la vida alrededor de ese vínculo. Cuando nuestra experiencia no encaja en ese molde, podemos pensar que hay algo malo con nosotras.
Aceptar que somos no monógamas puede traer un duelo. El duelo por la vida que imaginábamos que teníamos que querer, por la aprobación que tememos perder o por las relaciones que quizá no puedan acompañarnos en este descubrimiento. También puede abrir un proceso de aprendizaje: aprender a poner límites, comunicarnos con honestidad, revisar nuestros acuerdos y entender qué significa para nosotras construir vínculos responsables.
No todo se resuelve al encontrar una palabra que nos describa. Pero tener una palabra puede ayudarnos a dejar de sentir que estamos inventando algo a solas.
Y entonces aparece otra posibilidad: descubrir que hay una comunidad ahí afuera. Personas que han sentido algo parecido, que están atravesando preguntas similares o que también siguen aprendiendo. No necesariamente tienen todas las respuestas, pero pueden escucharte sin tratar de convencerte de que vuelvas a encajar en un molde que no te queda.
A veces, saber que no eres la única cambia mucho. No borra el miedo ni hace que el camino sea sencillo, pero puede darte compañía mientras aprendes a aceptarte y decides cómo quieres vivir tus relaciones.
Por eso creamos Relaciones con Sentido: un espacio para conocer a otras personas no monógamas, conversar y compartir experiencias sin presión que próximamente se presentará en Ciudad de México. No hace falta llegar con todo claro. Puedes estar explorando, tener preguntas o simplemente querer conocer gente que entienda de qué estás hablando.
Si estás empezando este camino —o quieres encontrar una comunidad con quien seguir recorriéndolo—, ven a Relaciones con Sentido. A veces, el primer paso es descubrir que no estás sola(o).

