El mito del unicornio y el ego masculino
Hay algo que se repite demasiado: el hombre heterosexual promedio cree que descubrir a dos mujeres juntas es prácticamente un logro espiritual. No importa el contexto, no importa la calidad, no importa nada. Dos mujeres = fantasía cumplida. Fin.
Y de ahí nace el famoso unicornio. Esa figura casi mitológica que, curiosamente, siempre cumple exactamente los requisitos del hombre… qué casualidad.
No es solo una mujer bisexual. No. Tiene que ser una mujer bisexual que:
Se sienta atraída por ambos miembros de la pareja (aunque uno claramente esté ahí por inclusión, no por mérito).
No tenga otros hombres en su vida, porque la libertad sexual es linda… hasta que incomoda.
No se enamore. Pero tampoco sea fría. Pero tampoco distante. Pero tampoco intensa. Básicamente: que sienta lo justo para entretener, pero no lo suficiente para complicar.
Y por supuesto, que acepte la famosa PUP sin cuestionarla.
La PUP. Esa regla que nadie quiere llamar control, pero lo es.
Un solo pene en la ecuación. Porque dos mujeres juntas es sexy, pero dos hombres… ahí ya se les rompe el sistema operativo.
Y no, no estamos hablando de que tengan que interactuar entre ellos. Tranquilos, nadie los está empujando a una crisis existencial. Estamos hablando de algo mucho más simple: que la mujer tenga el mismo nivel de libertad que ellos creen tener.
Pero ahí empiezan las excusas:
“No es lo mismo.”
“No me gusta ver a otro hombre.”
“Eso ya es otra cosa.”
Claro. Otra cosa… cuando no gira alrededor de ti.
Lo más interesante es la contradicción. Quieren una mujer que entre en la dinámica de la pareja, que se excite viendo, que participe con entusiasmo, que se adapte… pero no consideran algo básico:
¿Y si a ella no le gustas tú?
Porque esa es la parte que nadie quiere mirar de frente.
A veces la novia es increíble. Magnética. Sexy. Y el novio… está ahí porque llegó primero.
Y aún así esperan que la tercera persona compre el paquete completo con la misma emoción.
No funciona así.
Ahora invierte la historia.
Una mujer dice:
“Busco un hombre bisexual, que le gustemos los dos, que no tenga otras relaciones, que no desarrolle sentimientos incómodos y que se adapte a nuestras reglas.”
¿Sabes qué pasa?
La mayoría ni responde.
Otros se ríen.
Y unos pocos aceptan… pero no desde el deseo, sino desde la escasez.
Entonces no, el problema no es “lo difícil que es encontrar un unicornio”.
El problema es que lo que están buscando no es una persona. Es una fantasía diseñada a su medida.
Y eso, en la vida real, no existe.
Si de verdad quieres abrir tu relación, empieza por algo incómodo:
Revisa tus reglas.
No las que te benefician. Las que te incomodan.
Porque si solo estás dispuesto a aceptar lo que te excita y rechazar lo que te confronta, no estás en una relación abierta.
Estás en una relación con privilegios disfrazados.
Y sobre el unicornio…
Deja de buscarlo como si fuera un recurso.
Es una persona. Con criterio, con deseo propio y con la capacidad de mirar a tu pareja… y preguntarse exactamente lo mismo que muchos ya han pensado:
“¿y esta qué le vio a este?”