Una pregunta frecuente que recibo al hablar de no monogamia ética es: “¿Conocen tus hijos a tus parejas?”. La respuesta es sí, pero no como muchos imaginan. Mis parejas han compartido tiempo con mis hijos, conversado con ellos, ido a comer juntos, paseado e incluso reído y disfrutado como amigos. Ver estas interacciones me tranquiliza, ya que reflejan el tipo de personas que elijo para mi vida.
Sin embargo, no hay muestras de afecto romántico delante de mis hijos. No hay besos, abrazos de pareja ni gestos que puedan generar preguntas que aún no estoy preparada para responder. ¿Me avergüenzo de mi estilo de vida? No. Mi hijo menor aún no sabe que practico no monogamia ética, y no creo que sea el momento adecuado para hablar de ello. Cada familia tiene su propio ritmo. Algunos padres hablan de sexualidad desde temprana edad, mientras que otros esperan más. Algunos viven en comunidades abiertas, mientras que otros en entornos donde esa información podría generar conflictos innecesarios, presión social o incluso problemas legales o familiares.
Elegir esperar no es vivir una mentira; es ejercer el derecho a decidir cuándo, cómo y con quién compartimos aspectos íntimos de nuestra vida. La transparencia también tiene contexto. Es importante que las personas con las que salgo puedan convivir de manera sana con mis hijos si coinciden. No espero que actúen como padrastros ni creen un vínculo parental. Simplemente quiero comprobar algo básico: ¿Son respetuosos? ¿Saben comportarse alrededor de adolescentes? ¿Pueden disfrutar una conversación sin que todo gire en torno a la relación? Y debo admitir que ha sido bonito verlo.
Ver a mis parejas conversar con mis hijos sobre videojuegos, fotografía, música, comida o cualquier tema cotidiano me recuerda que una buena pareja también debería ser alguien con quien uno pueda compartir una mesa, sin importar la naturaleza de la relación. No necesito demostrar mi amor con besos delante de mis hijos para saber que existe una conexión genuina. A veces, el mayor acto de amor consiste en proteger los momentos emocionales de quienes más queremos. Salir del clóset no es un evento puntual; es un proceso continuo, y cada familia tiene derecho a recorrerlo a su propio ritmo.

