No todas mis parejas conocerán a mis hijos… y eso no significa que las quiera menos.

Existe una idea muy arraigada, incluso dentro de la no monogamia, de que una relación “importante” debe seguir ciertos pasos: conocer a los amigos, conocer a la familia, conocer a los hijos. Yo no lo veo así.

No todas las relaciones tienen el mismo propósito, la misma profundidad ni el mismo lugar en nuestra vida. Y eso está bien.

Tengo vínculos que disfruto profundamente, pero que nunca tendrán sentido dentro de mi dinámica familiar. No porque les falte amor, sino porque pertenecen a otra parte de mi vida.

Así como no presento a todos mis amigos entre sí, tampoco siento la necesidad de integrar automáticamente a todas mis parejas en mi entorno familiar.

A veces la razón es muy práctica.

Quizás vivimos en países diferentes.

Quizás sabemos que la relación tiene fecha de cierre.

Quizás nos vemos solo unas pocas veces al año.

O simplemente preferimos mantener ciertos espacios separados.

Eso no convierte la relación en superficial. La convierte en una relación diseñada para lo que realmente es.

Creo que uno de los errores más comunes es intentar que todas las relaciones evolucionen hacia el mismo modelo. Como si todas tuvieran que convertirse en una gran familia. Como si el éxito de una relación dependiera de cuánto se mezclan las vidas de ambos. Yo no necesito eso.

Para mí, una relación exitosa es aquella donde ambas personas encuentran un equilibrio que les funciona, aunque desde afuera no parezca la relación “ideal”.También pienso en mis hijos.Ellos no necesitan conocer a cada persona con la que salgo.Necesitan estabilidad. Necesitan saber quiénes son las personas que realmente permanecerán en sus vidas y quiénes simplemente forman parte de otra etapa de la mía.Eso también es cuidar su mundo emocional.

En la no monogamia hablamos mucho de respetar la autonomía de las parejas.Pero pocas veces hablamos de respetar la autonomía de las relaciones.No todos los vínculos necesitan crecer hacia la convivencia.No todos necesitan conocer a la familia.No todos necesitan compartir vacaciones, cumpleaños o Navidad. Algunos nacieron para acompañarnos durante una etapa específica. Otros permanecerán muchos años.Y ambos pueden haber sido profundamente valiosos.

Dejemos de medir el valor de una relación por la cantidad de “hitos” que cumple.Prefiero preguntarme algo mucho más importante:

¿Esta relación aporta bienestar, crecimiento y paz a la vida de quienes la vivimos?

Si la respuesta es sí, quizá ya no necesite parecerse a ninguna otra para ser una gran relación.

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