Ser no monógama no significa que no puedas ser víctima de una infidelidad

Lo que más duele no es que desees a alguien más, sino que teniendo la libertad de ser honesto conmigo, elijas engañarme.

Hay algo que muchas personas todavía no comprenden sobre la no monogamia ética: tener una relación abierta o poliamorosa no significa que todo esté permitido, que no existan límites o que sea imposible ser infiel.

Y aunque parezca contradictorio para quienes solo conocen las relaciones monógamas, sí, también nos pueden ser infieles. Y esa traición puede resultar especialmente dolorosa.

¿Por qué? Porque precisamente hemos creado un espacio donde no es necesario esconder la atracción, el deseo o incluso los sentimientos hacia otras personas. Hemos abierto una puerta a la honestidad que muchas relaciones tradicionales no contemplan.

Entonces, cuando alguien decide mentir, ocultar información o romper nuestros acuerdos, inevitablemente surge una pregunta:

¿Para qué engañarme si nunca te pedí exclusividad?

Cuando confunden nuestra libertad con una oportunidad para aprovecharse

Lamentablemente, existen personas que se acercan a quienes practicamos la no monogamia con intenciones muy diferentes a las nuestras.

Algunas ven nuestra apertura como una oportunidad para obtener beneficios sexuales sin responsabilidad afectiva. Otras creen que, por ser poliamorosas, somos más tolerantes con cualquier comportamiento, incluso con las mentiras, la manipulación o la falta de respeto.

Y algunas utilizan nuestra propia filosofía en nuestra contra.

Si expresamos incomodidad, nos dicen que somos celosas. Si exigimos que se respeten los acuerdos, nos acusan de querer controlar. Si reclamamos honestidad, nos recuerdan que somos no monógamas, como si nuestra identidad invalidara cualquier derecho a sentirnos traicionadas.

Pero hay una diferencia enorme entre dar libertad y permitir que alguien abuse de nuestra confianza.

Ser no monógama no significa aceptar cualquier condición. Mucho menos significa que los demás puedan decidir unilateralmente qué acuerdos respetar y cuáles ignorar.

La infidelidad no siempre tiene que ver con el sexo

En una relación monógama, la infidelidad suele asociarse con tener relaciones sexuales o románticas fuera de la pareja.

En la no monogamia ética, las cosas funcionan de otra manera.

Podemos acordar que nuestras parejas tengan otras relaciones sexuales, románticas o ambas. Podemos hablar abiertamente de nuestras atracciones y establecer límites que se ajusten a las necesidades de cada vínculo.

Pero eso no elimina la posibilidad de una traición.

Una persona puede ser infiel cuando rompe deliberadamente un acuerdo importante, oculta información que había prometido compartir o utiliza mentiras para mantener una relación bajo condiciones que la otra persona nunca habría aceptado conscientemente.

No se trata de exigir que alguien nos cuente absolutamente todo. Cada relación puede tener acuerdos diferentes sobre privacidad y comunicación.

Se trata de algo mucho más sencillo: respetar lo que libremente acordamos y no manipular el consentimiento de la otra persona mediante el engaño.

Porque el consentimiento no se limita al sexo. También tiene que ver con las condiciones bajo las cuales elegimos involucrarnos emocionalmente con alguien.

Lo que más ofende es que hayas tenido la oportunidad de ser honesto

Personalmente, considero que una de las cosas más dolorosas de una infidelidad dentro de la no monogamia es saber que le ofreciste a alguien un espacio seguro para decir la verdad.

No le exigiste que dejara de sentir atracción por otras personas. No le pediste que reprimiera sus deseos. No necesitaba inventar excusas para justificar su interés en alguien más.

Podía hablar contigo.

Podía expresar sus necesidades.

Incluso podía reconocer que los acuerdos existentes ya no le funcionaban y proponer cambiarlos.

Y aun así, eligió mentir.

Eso no solo duele. También puede sentirse profundamente ofensivo, porque te hace cuestionar qué valor tenía para esa persona la confianza que le ofreciste.

Y aquí quiero hacer una distinción importante: dar libertad no garantiza que alguien sea honesto. La honestidad no es una consecuencia automática de tener menos restricciones. Es una decisión personal que depende de los valores, la madurez y la responsabilidad de cada individuo.

No podemos evitar una infidelidad simplemente siendo más permisivos.

La manipulación disfrazada de libertad

Hay otra situación que considero particularmente preocupante: cuando alguien utiliza el discurso de la no monogamia para justificar comportamientos que nada tienen que ver con ella.

Frases como:

“Pero tú eres poliamorosa, ¿por qué te molesta?”

“Pensé que eras una persona de mente abierta.”

“No entiendo por qué tienes celos si tú también puedes salir con otras personas.”

Estas expresiones pueden convertirse en herramientas de manipulación cuando se utilizan para evadir responsabilidades o desacreditar los sentimientos de la pareja.

No debemos confundir los celos con la traición. Puedo no sentir celos de que mi pareja esté con otra persona y, aun así, sentirme profundamente herida porque me mintió.

Son dos cosas completamente diferentes.

Y tampoco debemos permitir que nuestra identidad se convierta en un argumento para silenciarnos.

La libertad de amar a varias personas no elimina la responsabilidad de tratar a cada una con consideración.

La no monogamia ética también requiere aprender a protegernos

A veces, en nuestro deseo de construir relaciones libres de posesividad y control, podemos caer en el extremo de pensar que establecer límites contradice nuestra filosofía.

Pero no es así.

Podemos ser comprensivas sin justificar las mentiras. Podemos respetar la autonomía de los demás sin renunciar a nuestras propias necesidades. Podemos ofrecer confianza sin asumir que todas las personas sabrán valorarla.

Y también debemos reconocer algo incómodo: no todas las personas que dicen aceptar la no monogamia comprenden lo que implica, ni todas tienen la intención de practicarla éticamente.

Por eso es importante prestar atención no solo a lo que alguien dice sobre la libertad, sino a cómo se comporta cuando esa libertad viene acompañada de responsabilidad.

¿Cómo responde cuando conversamos sobre acuerdos? ¿Es capaz de reconocer un error? ¿Respeta nuestros límites aunque no coincidan con sus deseos? ¿Existe coherencia entre sus palabras y sus acciones?

Porque una persona puede conocer perfectamente el vocabulario del poliamor y seguir siendo deshonesta.

La verdadera libertad también incluye poder decir que no

La no monogamia ética no consiste en eliminar todos los límites para demostrar lo evolucionados que somos emocionalmente.

Consiste en construir relaciones donde cada persona pueda elegir libremente, con información suficiente y sin engaños, aquello que está dispuesta a compartir.

Y cuando alguien rompe esa confianza, tenemos derecho a sentir dolor, indignación, decepción e incluso a terminar la relación.

No somos menos poliamorosas por exigir respeto.

No somos posesivas por esperar honestidad.

No somos inseguras simplemente porque una mentira nos haya lastimado.

Y, sobre todo, no tenemos que convertir nuestra capacidad de comprender a los demás en una obligación de tolerar aquello que nos hace daño.

Porque al final, la traición en la no monogamia no consiste necesariamente en haber elegido a otra persona. Consiste en haberle quitado a alguien la posibilidad de elegir, mediante la mentira.

Y quizás eso sea lo más doloroso de todo: descubrir que mientras tú ofrecías libertad, la otra persona se tomaba el derecho de decidir qué verdades merecías conocer.

La no monogamia te permite amar sin exclusividad, pero jamás debería exigirte confiar sin honestidad.

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