Soy Sex Coach, No es una invitación
Soy sex coach.
No doy más contexto al inicio.
Observo.
Porque lo que viene después siempre dice más de la otra persona que de mí.
Las reacciones
El que entiende, pregunta bien.
El que no, intenta bromear.
El que se incomoda, sexualiza.
Nada nuevo.
“¿Qué haces exactamente?”
Trabajo con lo que la gente evita:
Decir la verdad.
Poner límites.
Sostener el deseo sin perderse.
No explico más.
El que sabe, entiende.
El que no, no es mi cliente.
“¿Necesitas voluntarios?”
No respondo con humor.
Respondo con silencio… o con una mirada.
La mayoría corrige sola.
“¿Das demostraciones?”
No.
Y no explico por qué.
El filtro
No todo el mundo merece acceso.
Hay personas que quieren aprender.
Y hay personas que quieren jugar.
Yo no mezclo.
La línea
Si alguien cruza el límite, no suavizo.
No sonrío.
No acomodo.
No educo gratis.
Simplemente marco distancia.
Lo que incomoda
No es mi trabajo.
Es lo que refleja.
Porque hablar de sexualidad con claridad exige algo que pocas personas tienen:
responsabilidad emocional.
Cierre
No estoy aquí para entretener.
Ni para gustar.
Estoy aquí para trabajar con personas que están listas.
El resto… se filtra solo.