Relaciones flexibles, principios firmes

Me han preguntado varias veces cuál es mi estilo relacional.

Durante un tiempo pensé que tenía que tener una respuesta concreta. Algo así como: soy solo poly, practico poliamor jerárquico, no jerárquico, anarquía relacional… alguna etiqueta que explicara rápidamente cómo me relaciono.

Y por un tiempo creí haber encontrado la mía.

Pero con los años me he dado cuenta de que mi manera de relacionarme cambia dependiendo de los vínculos que existen en mi vida en ese momento.

Porque una cosa es lo que uno imagina en teoría y otra muy distinta es la polícula real que termina construyéndose.

No es lo mismo tener dos relaciones completamente independientes entre sí que tener vínculos que se conocen, comparten espacios o desarrollan algún tipo de amistad.

No es lo mismo relacionarte con alguien que también tiene varias parejas que con alguien que tiene un solo vínculo adicional.

No es lo mismo una pareja que necesita mucha comunicación sobre otros vínculos que otra que prefiere saber muy poco.

Tampoco todas las personas tienen los mismos límites, necesidades, disponibilidad emocional, tiempo, responsabilidades o formas de entender el compromiso.

Y todo eso inevitablemente modifica la dinámica.

Una relación nueva también puede cambiar el equilibrio de las relaciones que ya existían. No necesariamente porque les quite importancia, sino porque aparecen nuevas variables: tiempo, energía, logística, sexualidad, acuerdos, viajes, celos, cuidados, prioridades.

Por eso ya no siento tanta necesidad de definir una estructura rígida para mi vida afectiva.

Tengo valores que sí son bastante estables: autonomía, honestidad, consentimiento, comunicación, libertad y respeto por los acuerdos.

Pero la forma que toman mis relaciones alrededor de esos valores puede cambiar muchísimo.

Quizás en una etapa de mi vida mi polícula funciona con vínculos muy independientes.

En otra puede existir mucha integración.

Puede haber momentos donde una relación necesite más presencia y otros donde los vínculos funcionen de una manera mucho más ligera.

Incluso mis propios límites pueden cambiar con la experiencia.

Así que cuando recientemente me preguntaron cuál era mi estilo relacional, mi respuesta terminó siendo mucho más sencilla:

Me adapto a lo que mi polícula requiera.

Pero adaptarme no significa acomodarme a cualquier cosa ni abandonar mis necesidades para mantener relaciones.

Significa observar la realidad que existe en lugar de intentar obligarla a entrar dentro de una estructura que decidí de antemano.

Para mí, la no monogamia también es eso: construir relaciones suficientemente flexibles para permitir que las personas y los vínculos evolucionen.

Porque quizá mi identidad relacional no está en la forma exacta de mi polícula.

Está en los principios con los que decido construirla.

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