Entre cafés, maletas y acuerdos: cuando el amor no cabe en una sola cama

Me despierto esta mañana sin saber exactamente dónde amanecí esta vez.

No porque haya estado bajo los efectos de nada, sino porque empiezo a acostumbrarme a la variedad de mis compañías.

Miro a mi derecha y sonrío. Es mi toyboy. Amablemente me ha invitado a su casa y a sus mañanas de café, desayuno y placer servido en la cama. Hay algo delicioso en esa ligereza: nadie promete más de lo que puede dar, nadie exige más de lo acordado.

Me levanto, empiezo el día y preparo mi maleta. El fin de semana lo pasaré con mi novio. Él me tiene cautivada de otra forma: por su hermoso intelecto, su conversación profunda y una presencia que no pasa desapercibida. Con él, el deseo no es solo físico, también es mental, y eso engancha distinto.

Nos despedimos con un beso. Me pregunta si nos veremos este fin de semana. Le digo que no. Me responde, medio en broma medio aliviado, que menos mal, porque una chica viene a visitarlo y se quedará a dormir. Yo sonrío y le digo que ya saqué mis cosas de la habitación y las puse en la otra; ella no sabe que yo existo.

Él dice amar mi libertad, mi tranquilidad frente a sus otras mujeres. Le resulta relajante no tener que esconderse, aunque todavía no se atreve a entrar de lleno en el estilo de vida como debería: con honestidad total, acuerdos claros y menos miedo.

Mi novio, en cambio, es un poco más activo dentro de este universo. Prefiere que, si hay otro contacto sexual, sea compartido, vivido en presencia. No siempre será posible, y lo sabe, pero al menos lo nombra. Y en este mundo, nombrar ya es un acto de valentía.

Conclusión

Vivir relaciones no monógamas no es acumular cuerpos, ni confundir libertad con caos. Es, sobre todo, sostener conversaciones incómodas, hacer maletas emocionales tan seguido como las físicas y aprender a despedirse sin drama y a encontrarse sin posesión.

No todos los que me rodean están listos para llamarlo por su nombre. Algunos disfrutan los beneficios sin asumir la estructura. Otros ponen reglas para sentirse seguros. Yo camino en medio, afinando acuerdos, escuchando mis deseos y aceptando que la coherencia no siempre es perfecta, pero la honestidad sí es negociable.

Tal vez no se trata de saber con quién amaneces, sino de saber quién eres cuando despiertas. Y hoy, al menos hoy, me despierto sabiendo que elijo relaciones donde la libertad no se pide permiso… se construye.

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Porque la Vida Es Corta y los Sentimientos Son Complicados