Quien suma, permanece
El deseo por sí solo no es suficiente.
Sí, me puede gustar tu sonrisa.
Sí, puedo notar tu cuerpo.
Sí, quizás tengas una energía que despierte mi curiosidad.
Pero después de cierta edad, después de cierta terapia, después de ciertas cicatrices… una aprende a hacerse otra pregunta:
“¿Qué trae esta persona a mi vida aparte de química?”
Y no, no necesariamente hablo de dinero.
Aunque seamos honestos… la estabilidad, la ambición, la disciplina y la capacidad de construir también son sexys.
Pero cuando digo proveer, hablo de algo mucho más amplio.
Puede ser paz.
Puede ser consistencia.
Puede ser conversación inteligente.
Puede ser protección emocional.
Puede ser contactos.
Puede ser experiencia.
Puede ser logística.
Puede ser humor.
Puede ser que me abras puertas que sola me tomaría años abrir.
Puede ser que me ayudes a pensar mejor.
Puede ser que me recuerdes quién soy cuando estoy cansada.
Puede ser simplemente que conmigo hagas la vida más ligera… no más complicada.
Porque si voy a compartir mi tiempo—que en el poliamor vale oro—tu presencia tiene que justificar el espacio que ocupas.
No estoy buscando quien me rescate.
Estoy buscando adultos que entiendan que en relaciones conscientes, el amor, el deseo y la admiración también se construyen desde el valor real que aportamos.
Y aquí viene una parte que algunos no quieren escuchar:
En relaciones no monógamas esto importa todavía más.
Porque no solo entras a mi vida… entras a un ecosistema.
Existen otras relaciones.
Existen otros vínculos.
Existen horarios, acuerdos, emociones, hijos, negocios, proyectos, descansos, metamores.
Así que no basta con que seas atractivo.
Tu presencia no puede mejorar mi vida mientras destruye la de otros alrededor.
No me interesa el amante brillante que deja caos.
No me interesa el conquistador que exige atención que no le corresponde.
No me interesa quien quiere los beneficios de intimidad… pero no tiene inteligencia emocional para coexistir con otros vínculos.
Quiero hombres y mujeres que entiendan algo muy simple:
Si vas a ocupar espacio en mi vida, ese espacio tiene que generar expansión… no interrupción.
Porque la belleza impresiona.
La química engancha.
Pero el verdadero valor… ese es el que hace que alguien permanezca.