La compersión —esa alegría que podemos sentir al ver que alguien que queremos vive una relación que le hace bien— puede aparecer incluso cuando hay historias compartidas y sentimientos complejos de por medio.
A mí me alegra que dos de mis ex parejas estén juntas. Me da felicidad ver que encontraron algo entre ellos, y esa alegría no desaparece porque yo también tenga una historia con cada uno. Puedo quererlos, sentir cariño y hasta reconocer que todavía existe atracción, sin que eso convierta la situación en una invitación automática a participar en su intimidad.
Ahí es donde la cosa podría complicarse. Con ella sí tengo toda la intención y el deseo de explorar algo sexual. Con él, aunque todavía me atrae, ya no quiero retomar ese tipo de vínculo. Además, la dinámica sexual que ellos comparten es kinky, y aunque a ellos les funcione y la disfruten, no es mi estilo ni algo que yo particularmente quiera hacer.
A veces se habla de la compersión como si sentir alegría por la felicidad de otras personas significara estar disponible para todo lo que ocurra entre ellas. Pero no es así. Celebrar una relación no obliga a sumarse a ella. Sentir atracción no equivale a consentir cualquier práctica. Y tener ganas de explorar algo con una persona no significa que también quieras hacerlo con su pareja.
Si alguna vez se presentara una situación sexual entre los tres, tendría que poder decir con claridad qué sí quiero y qué no. No tendría que adaptarme a una dinámica que no disfruto para no incomodar a nadie, ni aceptar algo solo porque ellos ya lo hacen juntos. La compatibilidad también importa dentro de un encuentro compartido, y el consentimiento tiene que ser específico para cada persona y cada práctica.
Puedo sentir compersión por ellos y, al mismo tiempo, cuidar mis propios límites. Puedo alegrarme de que estén juntos, sentir deseo por ella, reconocer que él todavía me atrae y saber que ya no quiero compartir sexo con él. No hay contradicción en eso. Hay honestidad sobre lo que siento y sobre lo que estoy dispuesta a vivir.

