Tu miembro puede hacer que me quede… pero rara vez será la razón por la que te escogí

Es interesante ver a muchos hombres creer con una seguridad conmovedora:
que su pene es uno de sus principales activos en el mercado amoroso.

Que si es grande.
Que si dura mucho.
Que si “ninguna se olvida de él.”
Que si “yo sé complacer.”

Y sí… tranquilo. Puede importar.

Pero aquí viene la parte que a algunos les desacomoda:

Tu miembro quizás sea una razón por la que una mujer quiera seguir explorándote…
pero rara vez será la razón por la que te eligió.

Porque cuando una mujer adulta, emocionalmente despierta y con opciones escoge compartir su tiempo contigo, normalmente no está pensando:

“Ojalá la tenga enorme.”

Está observando otras cosas.

Cómo entras a un lugar.
Cómo tratas al mesero.
Cómo manejas el silencio.
Cómo respondes cuando algo no sale como quieres.
Qué tan seguro te sientes sin necesidad de demostrar nada.
Qué haces con tu palabra.
Qué haces con tu dinero.
Qué haces con tu energía.

Tu presencia entra mucho antes que tu pantalón salga.

La química sexual puede hacer que me quede.
El sexo puede hacer que quiera repetir.
Pero lo que me hace escogerte… muchas veces empieza mucho antes de verte desnudo.

Y aquí viene la parte divertida:

Los hombres que menos hablan de su miembro… suelen ser los que menos necesitan usarlo como carta de presentación.

Porque entienden algo fundamental:

La verdadera masculinidad no entra por la entrepierna.

Entra por la energía.

Y créeme… eso sí se siente a distancia.

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El te dijo “te amo”… y tú solo querías pasarla bien

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No es mi pareja. No es casual. Es mi ToyBoy… y eso también puede durar toda una vida.