De verdad una sola experiencia lésbica basta para saber lo que te gusta?

Hace poco escuché una conversación curiosa.

Un amigo le preguntó a una mujer si alguna vez había estado con otra mujer.

“Sí, una vez.”

”¿Y te gustó?”

“No.”

Mi amigo respondió algo que me hizo pensar:

”¿Solo una vez? Eso no es suficiente para decir que no te gusta. Quizás simplemente no has conocido a la mujer adecuada.”

Y aunque la frase puede sonar provocadora, abre una conversación mucho más interesante: la sexualidad humana es bastante más compleja de lo que solemos creer.

Muchas veces pensamos que una experiencia negativa significa que una práctica, un género o una dinámica simplemente “no es para nosotros”. Pero también existe otra posibilidad: que lo que realmente no nos haya gustado haya sido esa experiencia específica.

No todas las personas generan la misma química.

No todas besan igual.

No todas tienen la misma energía.

No todas despiertan el mismo deseo.

Eso ocurre con hombres, con mujeres y prácticamente con cualquier tipo de encuentro.

¿Cuántas personas han dicho alguna vez “no me gusta el sexo oral” hasta que conocieron a alguien con quien fue completamente diferente?

¿Cuántos dicen que no les gusta bailar porque la única vez que lo intentaron fue incómoda?

¿O que no disfrutan un deporte porque tuvieron un mal entrenador?

Nuestro cerebro tiende a sacar conclusiones rápidas para simplificar el mundo.

Pero las relaciones humanas rara vez son tan simples.

Eso tampoco significa que debamos insistir en probar una y otra vez algo que no nos interesa. Si alguien tuvo una experiencia con otra mujer y hoy dice que no desea repetirla, esa decisión merece respeto.

Lo interesante es preguntarnos si estamos hablando de una preferencia consolidada o simplemente de una experiencia aislada.

Porque no son lo mismo.

También ocurre al revés.

Hay personas que después de una única experiencia creen haber descubierto exactamente quiénes son, y con el tiempo su deseo cambia, evoluciona o se vuelve más específico.

La sexualidad no siempre es una fotografía.

Para muchas personas es más parecido a una película que sigue desarrollándose con los años.

Quizás la pregunta más útil no sea:

”¿Te gustan las mujeres?”

Sino:

”¿Qué fue exactamente lo que no disfrutaste de esa experiencia?”

La respuesta puede revelar mucho más que un simple sí o un no.

Al final, cada persona tiene derecho a definir su sexualidad como mejor describa su realidad actual. Pero también creo que vale la pena recordar algo: a veces no fue el género lo que no nos gustó; fue la conexión, la química o la experiencia con esa persona en particular.

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